El ascensor que huele a crema solar (y a arrepentimiento)


Dicen que las vistas desde las torres de Martiricos son espectaculares.


Y es verdad. 

Desde la planta 20 se ve toda Málaga rendida a tus pies.


Lo que no salía en el render de la promotora, ni en el folleto de papel couché que te dieron con una copa de champán barato, es el ascensor.


Ese ascensor donde tienes que esperar 15 minutos un martes por la tarde, atrapado entre una despedida de soltero de Manchester y una familia con flotadores que viene de la piscina.

El Hotel Vertical lo llaman ahora los vecinos que compraron allí pensando que compraban exclusividad y acabaron viviendo en la recepción de un hostal sin recepcionista.


Ahora esos mismos vecinos venden. 

Se llama fatiga vecinal

Yo lo llamo comprar a ciegas.


En Málaga hay mucho ruido.


No solo el de las maletas con ruedas en el Centro o el de las terrazas en el Soho. 

Hay ruido informativo.


Agentes diciéndote que Huelin es el nuevo Brooklyn cuando en realidad te están intentando colar un bajo comercial reconvertido en vivienda que huele a humedad.


O diciéndote que la Golden Visa sigue siendo el camino fácil, cuando eso se acabó en abril de 25.


La mayoría compra la foto. 

Y la foto aguanta todo.


La realidad, no.


Yo me dedico a mirar lo que no sale en la foto. 

Las derramas de la comunidad, el ruido del bar de abajo que no cierra hasta las 4 y si el barrio emergente es en realidad una zona donde no te atreverías a pasear al perro de noche.


Si buscas a alguien que te diga que todo es maravilloso y que Málaga es el paraíso en la tierra, busca una franquicia. 

Tienen corbatas muy bonitas.


Si prefieres saber dónde estás metiendo tu dinero antes de que sea tarde, escribo correos sobre la cara B del mercado inmobiliario malagueño.


Te apuntas aquí abajo.


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P.D: Darse de baja es gratis. Comprar un piso equivocado en Málaga te puede costar la salud y unos 300.000 euros. Tú verás.